Adultos mayores repatriados enfrentan desempleo, aislamiento y riesgo de terminar en situación de calle

Por el Dr. José Ángel Ramírez

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA.— Detrás de las estadísticas migratorias está apareciendo una realidad profundamente humana que Tijuana no puede ignorar: hombres y mujeres de edad avanzada que son repatriados desde Estados Unidos después de haber vivido durante años —incluso décadas— fuera de México y que llegan a la frontera enfrentándose prácticamente a la necesidad de comenzar nuevamente desde cero.

Durante 2025 y 2026, la situación migratoria de la frontera norte ha experimentado importantes transformaciones. El problema no consiste únicamente en cuántas personas son deportadas, sino en quiénes están llegando, en qué condiciones llegan y qué sucede con ellas después de cruzar la frontera.

En 2026, organizaciones que trabajan directamente con población migrante en Tijuana han advertido una presencia preocupante de personas repatriadas de mayor edad. Para muchas de ellas, conseguir empleo se convierte en uno de los obstáculos más difíciles de superar.

La edad, la falta de documentos actualizados, enfermedades crónicas, la pérdida de vínculos familiares y haber permanecido durante muchos años en Estados Unidos pueden convertirse en barreras para reconstruir una vida independiente.

Algunas personas regresan a sus estados de origen, pero después vuelven a Tijuana al no encontrar las condiciones necesarias para establecerse. Otras permanecen durante meses en albergues mientras buscan una oportunidad laboral.

Y cuando las alternativas se terminan, aparece el escenario que más debe preocuparnos: la calle.

UNA CRISIS QUE YA ES VISIBLE

Durante 2026 se ha reportado un crecimiento de personas en situación de calle alrededor de espacios que proporcionan alimentación y asistencia social en Tijuana.

Organizaciones de atención humanitaria han descrito casos de personas repatriadas de entre aproximadamente 50 y 70 años que encuentran enormes dificultades para incorporarse al mercado laboral.

Para un hombre o una mujer de 60 o 70 años, comenzar nuevamente no significa simplemente buscar trabajo.

Significa conseguir documentos, encontrar vivienda, recuperar vínculos familiares, atender enfermedades, adaptarse nuevamente a México y obtener ingresos suficientes para sobrevivir en una de las ciudades fronterizas más importantes del país.

CINCO EJES PARA ENTENDER EL PROBLEMA

  1. EDAD Y EMPLEO
    La edad avanzada reduce considerablemente las posibilidades de conseguir determinados trabajos. Las oportunidades disponibles para algunas personas mayores se concentran en actividades físicamente demandantes, incompatibles en ocasiones con sus condiciones de salud.
  2. DESARRAIGO FAMILIAR
    Después de vivir 15, 20, 30 años o más en Estados Unidos, una persona puede regresar a México y descubrir que la familia que conocía ya no existe como red inmediata de protección. Sus hijos, pareja, amistades y prácticamente toda su vida pueden haber quedado del otro lado de la frontera.
  3. SALUD Y ENVEJECIMIENTO
    Diabetes, hipertensión, discapacidad, deterioro físico y necesidad de medicamentos pueden hacer extraordinariamente difícil la reintegración de una persona mayor deportada que carece de ingresos y seguridad social efectiva.
  4. ALBERGUES QUE NO PUEDEN SER PERMANENTES
    Los albergues realizan una extraordinaria labor humanitaria, pero fueron concebidos fundamentalmente como espacios temporales. Una persona mayor que no consigue empleo ni vivienda puede entrar en un círculo de albergue, asistencia y calle del cual resulta cada vez más difícil salir.
  5. RIESGO DE INDIGENCIA Y EXCLUSIÓN SOCIAL
    El problema migratorio puede transformarse finalmente en un problema de pobreza extrema, abandono y personas en situación de calle. Es ahí donde una deportación deja de ser exclusivamente un procedimiento migratorio y se convierte en un desafío de derechos humanos.

LOS DATOS NACIONALES DAN DIMENSIÓN AL FENÓMENO

Entre el 20 de enero de 2025 y el 13 de agosto de 2026, el Gobierno de México reportó la repatriación de 271,193 mexicanas y mexicanos desde Estados Unidos.

De ellos, 171,508 ingresaron vía terrestre.

En ese mismo periodo, la estrategia federal de recepción reportó 88,107 personas alojadas, 69,191 atenciones médicas, 22,828 intervenciones del DIF y solamente 18,644 vinculaciones laborales, además de cientos de miles de servicios de alimentación, documentación, comunicación y traslado.

Estas cifras nacionales permiten comprender la dimensión del desafío, aunque resulta indispensable contar con estadísticas públicas más detalladas que permitan conocer específicamente cuántas personas adultas mayores son repatriadas por Tijuana y cuántas permanecen posteriormente en la ciudad.

TIJUANA NO PUEDE CONVERTIRSE EN UNA SALA DE ESPERA PARA LA VEJEZ

Una sociedad se mide también por la manera en que trata a quienes llegan a la última etapa de su vida.

Por ello propongo establecer en Tijuana una Mesa Permanente para la Atención Integral del Adulto Mayor Repatriado, donde participen los tres niveles de gobierno, DIF, instituciones de salud, organismos de derechos humanos, universidades, sector empresarial, fundaciones, organizaciones civiles, iglesias y albergues.

Necesitamos desarrollar un modelo específico que contemple:

identificación y documentación inmediata; evaluación médica y psicológica; localización y reunificación familiar; incorporación efectiva a programas sociales; alojamiento especializado para adultos mayores; bolsa de trabajo adecuada a edad y capacidad física; asesoría jurídica binacional; medicamentos y atención de enfermedades crónicas; y programas de vivienda y reintegración comunitaria.

No podemos esperar a que estas personas se conviertan en una estadística de indigencia para comenzar a ayudarlas.

NO SON NÚMEROS. SON VIDAS.

Son mexicanos que trabajaron durante décadas, formaron familias, envejecieron y un día fueron enviados a una ciudad que, para muchos, prácticamente vuelve a ser desconocida.

Una frontera humanitaria no puede limitarse a recibirlos y proporcionarles alimento durante algunos días.

Debe ofrecerles una verdadera oportunidad para volver a vivir con dignidad.

Tijuana ha sido históricamente una ciudad de migrantes, trabajadores y oportunidades. Ahora tiene frente a sí otro desafío histórico: demostrar que también puede convertirse en una ciudad capaz de proteger la dignidad de quienes regresan cuando más vulnerables son.

La deportación termina en la frontera.
La responsabilidad humana comienza ahí.

Dr. José Ángel Ramírez
Tijuana, Baja California, México
Septiembre de 2026